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La educación ambiental: una urgencia nacional

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Por: Milly Contreras, MSc.
Periodista y editora en jefe de Puntualizando Digital
Especialista en Medio Ambiente y Manejo de los Recursos Naturales

Santo Domingo, República Dominicana. — La educación ambiental no puede seguir siendo vista como un tema complementario dentro de la formación ciudadana. En un país altamente vulnerable a los efectos del cambio climático, la contaminación, la pérdida de recursos naturales y el crecimiento urbano desordenado, educar para cuidar el ambiente debe convertirse en una prioridad nacional.

República Dominicana posee una gran riqueza natural: montañas, ríos, playas, áreas protegidas, suelos productivos y una biodiversidad que forma parte esencial de su identidad. Sin embargo, esa riqueza enfrenta presiones cada vez mayores. La deforestación, el mal manejo de los residuos sólidos, la contaminación de ríos y cañadas, el uso inadecuado del agua y la falta de conciencia ciudadana siguen siendo desafíos visibles en muchas comunidades.

Frente a esa realidad, la educación ambiental debe comenzar desde la infancia, pero no quedarse solamente en las aulas. Debe llegar también a los hogares, a las iglesias, a las juntas de vecinos, a los medios de comunicación, a las empresas y a las instituciones públicas. Cuidar el ambiente no es una tarea exclusiva del Ministerio de Medio Ambiente ni de los educadores. Es una responsabilidad compartida.

El país ha avanzado en materia legal e institucional. Existen normas que reconocen la importancia de formar una ciudadanía consciente, responsable y comprometida con la protección de los recursos naturales. No obstante, el gran reto está en convertir esas disposiciones en acciones permanentes, medibles y cercanas a la vida cotidiana de la población.

La educación ambiental debe ser abordada desde las altas instancias del gobierno, con políticas publicas claras, con la asignación de recursos económicos al ministerio de medio ambiente para emprender esa ardua labor,  ya que el recurso humano lo tienen.

No basta con hablar de reciclaje una vez al año, sembrar árboles en fechas conmemorativas o realizar jornadas aisladas de limpieza. La educación ambiental debe ser constante, práctica y transformadora. Un niño que aprende a no lanzar basura en la calle, a cuidar el agua, a respetar los árboles y a valorar los animales, puede convertirse en un adulto más responsable con su entorno.

Los medios de comunicación tienen igualmente un papel fundamental, en este proceso, informar, orientar y sensibilizar sobre los temas ambientales como parte de la responsabilidad social del periodismo. La crisis ambiental no es un tema lejano ni exclusivo de especialistas. Se expresa en la calidad del agua que consumimos, en el aire que respiramos, en los alimentos que llegan a la mesa y en la seguridad de las familias frente a inundaciones, sequías y fenómenos naturales cada vez más intensos.

República Dominicana necesita una ciudadanía que entienda que el ambiente no es un lujo, sino una condición indispensable para la vida. La verdadera educación ambiental no se limita a memorizar conceptos; busca cambiar comportamientos, crear conciencia y promover una relación más equilibrada entre las personas y la naturaleza.

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