WASHINGTON — Martes, 18 de agosto de 2026. El armisticio entre Estados Unidos e Irán expiró sin prórroga y el conflicto entra en su semana veinticuatro con un nuevo elemento de tensión: el presidente Donald Trump amenazó con bombardear Omán si ese país «se interpone» en los esfuerzos estadounidenses por reabrir el estrecho de Ormuz y poner fin a la guerra.
Consultado sobre si buscaría extender el memorando firmado en Islamabad a mediados de junio, Trump respondió con un tajante «no». El acuerdo, que fijaba un plazo máximo de sesenta días para alcanzar un tratado definitivo, venció el lunes con las dos partes trabadas en dos puntos: quién administra el estrecho y qué pasa con los fondos iraníes congelados.
La amenaza a Omán resulta llamativa porque Mascate ha ejercido de mediador y negocia con Teherán las rutas de navegación. De hecho, el portavoz de la Cancillería iraní afirmó que ya alcanzaron un acuerdo con los omaníes sobre el tránsito marítimo futuro, un entendimiento que Washington observa con recelo.
Mientras la diplomacia se estanca, el estrecho sigue asfixiado: en las últimas veinticuatro horas apenas lo cruzaron tres buques comerciales —dos entraron al Golfo Pérsico y uno salió hacia el golfo de Omán—, frente a los cerca de 110 que pasaban a diario antes de la guerra. Cada día de bloqueo encarece el combustible que mueve al mundo y, con él, la vida en países importadores como la República Dominicana.





