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viernes, abril 17, 2026

Riesgos para la seguridad alimentaria mundial

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Luis Fernández, Analista Político y escritor

La escalada de los conflictos y las guerras en el mundo, fruto de la incapacidad y de la falta de voluntad política de una comunidad internacional cada vez más alejada del compromiso con el respeto al derecho internacional y con una convivencia pacífica real entre las naciones, está conduciendo a la humanidad a una grave situación de inseguridad alimentaria, que profundiza la pobreza a escala global.

Esta alarmante realidad afecta a millones de personas que ven aumentar el hambre en el planeta, mientras viven en un mundo con avances tecnológicos sin precedentes y con capacidad para producir alimentos suficientes para toda la población mundial. Se trata de una clara manifestación de las profundas desigualdades estructurales del sistema internacional, que golpean con mayor fuerza a los países más vulnerables.

Esta situación de conflictos, guerras y agresiones permanentes, impulsada por naciones que solo persiguen apoderarse de los recursos naturales de otros países, ha llevado a los máximos responsables del Fondo Monetario Internacional (FMI), del Grupo Banco Mundial (BM) y del Programa Mundial de Alimentos (PMA) a alertar que la guerra contra Irán conducirá, “inevitablemente, a un encarecimiento de los alimentos y a una mayor inseguridad alimentaria global”.

En un comunicado conjunto hecho público el pasado 8 de abril, la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva; el presidente del BM, Ajay Banga; y la directora ejecutiva del PMA, Cindy McCain, subrayaron que el conflicto ya ha provocado una de las mayores perturbaciones en los mercados energéticos mundiales de la historia moderna, según divulgó el portal financiero Investing.com.

Los fuertes aumentos en los precios del petróleo, el gas y los fertilizantes, sumados a los cuellos de botella en el transporte, conducirán inevitablemente a un alza en los precios de los alimentos y al agravamiento de la inseguridad alimentaria, aseguró el texto, en referencia al cierre parcial del estrecho de Ormuz, por donde transita una parte importante de los hidrocarburos del mundo.

Desde tiempos inmemoriales existe una estrecha relación entre guerras, conflictos y crisis alimentarias. En esta época, esa relación ha adquirido conexiones globales, donde un problema generado en una región puede provocar inseguridad alimentaria a miles de kilómetros de distancia. Y es que la guerra no solo destruye vidas y territorios, sino también sistemas productivos, lo que la convierte en un motor del hambre en el mundo.

Los riesgos de una gran crisis alimentaria para la humanidad provienen directamente de la codicia y del afán desmedido de acumular riqueza sin control alguno, propios de un capitalismo salvaje que ha generado profundas distorsiones y ha desplazado valores fundamentales como la equidad, la dignidad humana y el bienestar colectivo, en perjuicio de una humanidad merecedora de mejor suerte.

La creciente concentración de la riqueza en una pequeña élite está provocando que millones de personas carezcan de acceso a necesidades básicas, mientras aumentan la pobreza y la desigualdad para la mayoría de la población mundial. A esto se suma una profunda brecha económica, social y política, en la que el mercado debilita y finalmente sustituye al Estado, reduciendo su capacidad como garante de los derechos fundamentales.

De ese insaciable capitalismo salvaje se desprenden, según este análisis, muchas de las guerras y conflictos actuales en el mundo, y ello está empujando a la humanidad hacia una creciente y crítica inseguridad alimentaria, desplazamientos masivos, crisis humanitarias prolongadas y desaceleración económica, lo que profundiza la vulnerabilidad de millones de seres humanos.

Es esta grave situación la que debe llevarnos a reflexionar sobre el mundo que estamos construyendo: uno en el que la abundancia queda reservada para unos pocos, mientras para la mayoría solo representa una herida abierta; un mundo en el que los alimentos dependen de la geopolítica y de las guerras. Frente a ello, se impone la necesidad urgente de construir otro orden más equilibrado, con justicia, paz, equidad, inclusión y dignidad humana.

Ante esta grave amenaza contra la seguridad alimentaria global, el papel del Estado es fundamental. Debe orientarse al bien común y actuar como garante de derechos y regulador del mercado. Un Estado fuerte y transparente puede corregir desigualdades y promover políticas públicas que aseguren condiciones de vida dignas, transformación institucional y conciencia social.

Basta ya de naciones que pretenden, mediante la aplicación de un capitalismo salvaje, criminal e inhumano, someter a la humanidad a graves situaciones de inseguridad alimentaria y profundizar la vulnerabilidad de millones de personas. Se trata de un atentado que es fruto de decisiones, omisiones y estructuras que vulneran de manera grosera el derecho fundamental a la alimentación y que, como siempre, recae sobre las poblaciones más vulnerables del mundo.

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