MOSCÚ — Martes, 30 de junio de 2026. El presidente ruso, Vladímir Putin, reconoció públicamente que Rusia enfrenta una escasez de combustible como consecuencia de los ataques de las fuerzas ucranianas contra su infraestructura energética. «Hay colas en las gasolineras y no siempre están disponibles los tipos de gasolina que se necesitan», admitió durante una reunión del Consejo de Ministros, aunque aseguró que la situación «no es crítica».
La crisis se agravó tras una campaña de drones ucranianos que provocó un gran incendio en la refinería de Slavyansk-na-Kubani, en la región de Krasnodar, una instalación clave que procesa cerca de cuatro millones de toneladas de crudo al año. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, afirmó que otra refinería rusa, en la región de Yaroslavl, también fue alcanzada en ataques nocturnos.
El desabastecimiento ha provocado largas filas en las gasolineras y medidas de racionamiento. En la península de Crimea, anexionada por Rusia, el gobierno local suspendió la venta de gasolina a la población civil ante la peor crisis energética en la zona desde la anexión.
Putin anunció medidas para paliar el déficit: las mayores refinerías operan a máxima capacidad, se redujeron los periodos de mantenimiento y se evalúa la situación de las pequeñas y medianas empresas. En paralelo, los ataques rusos sobre territorio ucraniano dejaron al menos siete muertos en las últimas horas.
La guerra, que se prolonga por más de cuatro años, entra en una fase en la que la energía se ha convertido en un campo de batalla decisivo, con consecuencias directas sobre la economía y la vida cotidiana en ambos países.




