LIMA — Lunes, 8 de junio de 2026. Perú amaneció este lunes sin un ganador confirmado en una de las elecciones más reñidas de su historia democrática reciente. La segunda vuelta presidencial celebrada el domingo dejó un resultado tan apretado que, horas después del cierre de las urnas, el desenlace seguía dependiendo del conteo de las últimas actas.
Con el 94.4 % de las actas procesadas por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), el izquierdista Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, mantenía una ventaja mínima sobre Keiko Fujimori, de Fuerza Popular. Sánchez registraba 50.045 % de los votos frente a 49.955 % de la lideresa fujimorista, una diferencia de menos de una décima de punto porcentual que mantiene en vilo a los más de 27 millones de electores convocados.
El balotaje cierra un ciclo electoral marcado por la fragmentación. En la primera vuelta del 12 de abril compitieron 35 candidatos, y ninguno logró un respaldo contundente: Fujimori encabezó con 17.19 % de los votos válidos y Sánchez quedó segundo con 12.04 %. El paso al balotaje obligó a ambos a tejer alianzas y a moderar discursos para captar al amplio electorado que se quedó sin su opción inicial.
El resultado tiene resonancia más allá de las fronteras peruanas. Una eventual victoria de Sánchez consolidaría el giro hacia la izquierda en varios países de la región, mientras que un triunfo de Fujimori marcaría el regreso del fujimorismo al poder tras años de desgaste judicial y político.
Por ahora, Perú espera. El recuento de las actas pendientes —muchas provenientes de zonas rurales y del voto en el exterior— definirá un mandato que arranca con un país dividido casi por la mitad y con el reto inmediato de gobernar sin mayorías holgadas.




