SANTO DOMINGO — Miércoles, 5 de agosto de 2026. No fue solo una carrera más. Cuando Marileidy Paulino cruzó la meta de los 400 metros planos bajo la lluvia del Estadio Olímpico Félix Sánchez, la República Dominicana no celebró únicamente una medalla de oro: celebró la confirmación de que su mayor figura deportiva sigue en la cima y que, como ella misma prometió, «tendrán a Marileidy para rato».
La campeona olímpica y mundial se impuso con 48.94 segundos y volvió a rebajar el récord de los Juegos —una marca que ya le pertenecía desde San Salvador 2023—, esta vez ante su propia gente. La cubana Roxana Gómez (49.99) y la vincentina Shafiqua Maloney (51.77) completaron el podio, a una distancia que resumió el dominio de la dominicana.
El oro individual coronó una actuación doble: días antes, Paulino había liderado el relevo mixto 4×400 hasta otro récord de estos Juegos. Ganar en casa, sin embargo, tuvo un peso distinto. «¡Qué orgullo verte ganar en casa, Marileidy!», escribió el presidente Luis Abinader, en sintonía con una afición que convirtió cada salida de la velocista a la pista en una fiesta nacional.
Más allá del medallero, la imagen de la muchacha de Nizao imponiéndose ante su público proyecta la próxima parada: los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. Su promesa de seguir compitiendo por la bandera dominicana convierte esta noche lluviosa en algo más que un oro: en el anuncio de que la era de Marileidy Paulino todavía tiene mucho por dar.





