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viernes, agosto 7, 2026
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El oro que también compromete

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La República Dominicana vive días de euforia. En su propia casa, ante un Estadio Olímpico Félix Sánchez rendido, Marileidy Paulino conquistó el oro de los 400 metros con récord incluido y coronó una actuación doble que ya la sitúa entre las más grandes de la historia del deporte nacional. A su alrededor, la delegación dominicana ha sumado decenas de medallas y ha peleado los primeros lugares del medallero de los Juegos Centroamericanos y del Caribe.

Es justo celebrar. Estos Juegos han recordado que el deporte es una de las expresiones más nobles y unificadoras de la vida nacional: no hay bandera de partido en un podio, solo la tricolor. Cada oro es fruto de años de sacrificio silencioso de atletas que, en muchos casos, se formaron con más talento que recursos.

Pero la fiesta obliga. Sería un error que el entusiasmo de estas noches se agote cuando se apaguen las luces del estadio. El verdadero legado de organizar unos Juegos no está en las medallas de una semana, sino en lo que quede después: instalaciones que se mantengan y se usen, programas de base que descubran a la próxima Marileidy en cada barrio y cada campo, y un apoyo sostenido —no coyuntural— a las federaciones y a los entrenadores.

La República Dominicana ha demostrado que puede brillar cuando cree en su gente. Que el oro de estos días no sea solo motivo de celebración, sino también un compromiso: el de convertir el orgullo pasajero en una política deportiva seria y permanente. Se lo debemos a los atletas que hoy nos hacen vibrar y a los niños que, al verlos, empiezan a soñar.

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