El hambre en el mundo baja por tercer año, pero una dieta sana sigue fuera del alcance de miles de millones

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El hambre en el mundo retrocede, pero muy despacio y de forma desigual. Así lo revela el informe El Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundo 2026 (SOFI), la evaluación insignia de las Naciones Unidas, que este año deja un mensaje agridulce: se avanza, pero el planeta sigue lejos de erradicar el hambre.

Según el reporte —elaborado por la FAO junto al FIDA, Unicef, el Programa Mundial de Alimentos y la OMS—, unos 645 millones de personas, el 7,8 % de la población mundial, pasaron hambre en 2025. La cifra baja por tercer año consecutivo: 14 millones menos que en 2024 y 43 millones por debajo del pico de 2022. Además, cerca de 2.100 millones de personas sufrieron inseguridad alimentaria moderada o grave, unos 86 millones menos que un año antes.

El foco de esta edición está en el precio de comer bien. Una dieta saludable resulta inasequible para cerca de 2.700 millones de personas, una brecha que golpea sobre todo a los hogares más pobres y que el informe atribuye a fuerzas económicas y estructurales que encarecen los alimentos nutritivos frente a las opciones ultraprocesadas.

El panorama nutricional es igual de contradictorio. Solo el 30,8 % de los niños de entre 6 y 23 meses recibe una dieta mínimamente diversa, la anemia entre las mujeres sigue aumentando y, al mismo tiempo, la obesidad crece hasta afectar al 16,2 % de los adultos. Es la doble cara de la malnutrición: millones que no comen suficiente conviven con millones que no comen bien.

Los promedios globales, sin embargo, esconden grandes brechas. Por primera vez, África concentra el mayor número de personas con hambre —unos 309 millones—, mientras otras regiones mejoran. En ese contraste se inscriben casos como el de la República Dominicana, que este año la FAO reconoció por salir del «mapa del hambre» al reducir la subalimentación por debajo del 2,5 %.

De cara al futuro, el informe proyecta que hacia 2030 unos 520 millones de personas seguirían padeciendo hambre, lo que dejaría al mundo fuera de la meta de «Hambre Cero» de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Aun así, la FAO insiste en un mensaje central: el hambre no es inevitable. Los avances, frágiles y desiguales, demuestran que con las políticas adecuadas es posible que comer sano deje de ser un privilegio.

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