KINSHASA — Lunes, 17 de agosto de 2026. El brote de ébola que azota a la República Democrática del Congo se convirtió en el más mortífero jamás registrado en ese país, al superar los 2,300 fallecidos en lo que también se perfila como el de propagación más rápida en la historia de la enfermedad. Según los datos divulgados por organismos internacionales de salud, el 16 de agosto la RDC contabilizaba 4,945 casos confirmados y 2,325 muertos, lo que equivale a una muerte cada 28 minutos durante la semana pasada.
La cepa responsable del brote es el virus Bundibugyo (BDBV), una variante rara del ébola para la que no existe ni vacuna aprobada ni tratamiento específico. La respuesta sanitaria se ha visto seriamente obstaculizada por huelgas de trabajadores de salud que llevan meses sin cobrar, la proliferación de información falsa y tradiciones culturales que incluyen entierros familiares con los cadáveres, práctica que multiplica el riesgo de contagio. El virus, con una tasa de letalidad de entre el 25 y el 50 por ciento, se detectó por primera vez en la provincia de Ituri en mayo de 2026 y la Organización Mundial de la Salud lo declaró emergencia de salud pública de preocupación internacional.
Científicos de varias instituciones internacionales trabajan a contrarreloj en el desarrollo de una vacuna específica contra el Bundibugyo. Sin un avance farmacológico urgente y sin mejoras en las condiciones sobre el terreno, el número de víctimas podría seguir escalando en las próximas semanas.




