WASHINGTON — Jueves, 2 de julio de 2026. Estados Unidos intensificó de forma notable su respuesta a la catástrofe en Venezuela. La administración de Donald Trump elevó a más de 300 millones de dólares su compromiso de ayuda humanitaria para el país tras el doble terremoto del 24 de junio, que ha dejado cerca de 2,000 muertos y más de 10,000 heridos.
El paquete incluye 50 millones de dólares en nuevas asignaciones bilaterales a organizaciones que operan sobre el terreno —como World Vision, Samaritan’s Purse, Catholic Relief Services e International Medical Corps— y una contribución de 100 millones al fondo de la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) destinado a Venezuela.
En el plano operativo, Washington desplegó un Equipo de Respuesta a Desastres (DART) con más de 250 personas, incluidos tres equipos especializados de búsqueda y rescate urbano. El buque USS Fort Lauderdale se posicionó frente a las costas de La Guaira, desde donde marines y marineros entregan suministros directamente a las zonas costeras más afectadas.
El despliegue llama la atención por el contraste: llega después de que la propia administración recortara drásticamente la ayuda exterior estadounidense, en lo que algunos analistas leen como una apuesta política y humanitaria de alto perfil hacia un país con el que Washington mantiene una relación compleja. El Departamento de Estado sumó, además, alianzas con el sector privado, como Walmart.
La ayuda estadounidense se suma a la de más de 30 países que participan en una de las mayores operaciones de rescate de la historia reciente de la región, mientras Venezuela encara una reconstrucción que se prolongará por años.





