WASHINGTON — Viernes, 7 de agosto de 2026. La economía de Estados Unidos perdió 23,000 empleos en julio, una caída abrupta que tomó por sorpresa a los mercados: los analistas encuestados por Dow Jones esperaban la creación de 83,000 puestos de trabajo. El informe mensual del Departamento de Trabajo reveló además que los datos de mayo y junio fueron revisados a la baja en un total de 103,000 empleos, lo que profundiza la imagen de un mercado laboral en marcada desaceleración. Detrás de los números de desempleo se esconde una realidad más preocupante: la tasa de participación laboral cayó al 61,4%, su nivel más bajo del año, y casi 1,4 millones de personas han abandonado la fuerza laboral en lo que va de 2026.
Sin embargo, la reacción de Wall Street fue exactamente la opuesta a lo que indicarían los fundamentos: el S&P 500 cerró en un máximo histórico y el Nasdaq subió un 1,3%, porque los inversores interpretaron la debilidad del empleo como una señal de que la Reserva Federal no subirá las tasas de interés en septiembre. Tras el reporte, la probabilidad de una alza en septiembre cayó al 44%, según el índice CME FedWatch. El fenómeno resumido en la frase que circuló ayer en los mercados —»malas noticias son buenas noticias»— refleja hasta qué punto la política monetaria de la Fed sigue siendo el factor dominante en las decisiones de los inversores. La Fed enfrenta ahora un dilema delicado: aflojar el pie del freno en una economía que se enfría, sin que la inflación vuelva a dispararse.




