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miércoles, junio 10, 2026
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El Estrecho de Ormuz nos toca el bolsillo\

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Milly Contreras. directora de Puntualizando Digital.

SANTO DOMINGO — Miércoles, 10 de junio de 2026. Mientras los misiles cruzan el Estrecho de Ormuz y los diplomáticos negocian en pasillos que huelen a urgencia, en la República Dominicana estamos mirando las noticias como si el conflicto entre Irán y Estados Unidos sucediera en otro planeta. Sucede que no. Ese estrecho por donde transita el 20 por ciento del petróleo mundial es también, indirectamente, la arteria por la que circula buena parte de la riqueza que produce esta isla. Y cada barril que deja de pasar —o que pasa con miedo— nos cuesta a todos.

El ministro de Hacienda anunciará mañana un paquete de medidas para amortiguar el impacto de la crisis internacional. Bien. Pero los parches fiscales, por bien diseñados que estén, no resuelven la causa del problema: somos una economía profundamente dependiente de combustibles fósiles importados, y llevamos décadas construyendo infraestructura, transporte, generación eléctrica y cadenas de suministro sobre esa fragilidad. Cuando el mundo se incendia, nos quemamos con él, aunque el fuego esté a 10,000 kilómetros de distancia.

La transición energética no es un lujo de países ricos ni un capricho de ecologistas. Es una política de seguridad nacional. Cada kilovatio generado con sol dominicano es un kilovatio que no depende de lo que pase en el Golfo Pérsico, de lo que decida un presidente en Washington o de los cálculos de guerra de un ayatolá en Teherán. Tenemos uno de los potenciales solares más altos del hemisferio. Tenemos viento en las costas y agua en las sierras. Y seguimos quemando petróleo para generar electricidad cara e irregular.

El gobierno de Abinader ha dado pasos en la dirección correcta con algunas iniciativas de energía renovable, pero el ritmo es demasiado lento para la urgencia que impone la geopolítica global. Las crisis no avisan con suficiente anticipación. Hoy es Irán y Estados Unidos. Mañana puede ser el Canal de Suez, o una tormenta en el Caribe que interrumpa las rutas de abastecimiento, o una recesión global que dispare los fletes marítimos. La vulnerabilidad energética de la República Dominicana no es una fatalidad geográfica: es una decisión política que seguimos postergando.

Esta semana, con el Azteca lleno y el mundo pendiente del Mundial, es fácil olvidar que hay un conflicto armado que amenaza el precio de la gasolina, de la electricidad y de todos los bienes que se mueven en camiones por este país. El calor extremo que pronostica el Indomet para esta semana es real, y el aire acondicionado que lo mitiga depende de una generación eléctrica que aún no hemos liberado de su dependencia del petróleo. La pregunta no es si nos afectará la escalada en el Estrecho de Ormuz. La pregunta es cuánto más vamos a esperar para hacer algo al respecto.

 

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