CEUTA — Sábado, 1 de agosto de 2026. El número de muertos en la crisis migratoria de Ceuta ascendió a 67, entre ahogados y víctimas de una estampida en la valla fronteriza, según autoridades españolas. Entre el jueves y el viernes, aproximadamente 60,000 personas —una cifra sin precedentes en la historia del enclave español en el norte de África— cruzaron la frontera desde Marruecos, aunque la gran mayoría ha regresado ya al territorio marroquí.
El gobierno del presidente Pedro Sánchez desplegó el ejército en Ceuta tras los cruces masivos, y el propio mandatario viajó a la zona para hacer frente a la crisis, acompañado del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. Según las autoridades, 48,300 de las personas que entraron irregularmente han sido devueltas a Marruecos. España anunció además la instalación de una barrera de contención de 500 metros en el extremo marítimo de la valla fronteriza para reforzar el control de esa frontera, la única terrestre entre la Unión Europea y el continente africano.
Las autoridades atribuyen el fenómeno a redes de tráfico de personas que difundieron de manera deliberada información errónea sobre un fallo reciente del Tribunal Supremo español relacionado con la devolución de migrantes. El episodio recuerda a la crisis de mayo de 2021, tanto por los métodos de entrada como por el grado de coordinación entre quienes cruzaron.
La magnitud del cruce disparó la alarma en toda Europa. Italia restableció temporalmente controles fronterizos en sus límites con España; Francia ordenó verificaciones adicionales; y varios gobiernos —entre ellos Alemania, Suecia, Finlandia y Polonia— exigieron a Madrid que garantizara el control de sus fronteras. El primer ministro Sánchez convocó a Bruselas a celebrar una cumbre urgente de ministros de Interior de la Unión Europea, mientras España enfrenta una de las mayores presiones migratorias de su historia reciente.




