Londres / Madrid / París.- Europa se consume bajo una cúpula de calor sin precedentes. Francia, el Reino Unido, España e Italia han emitido alertas rojas de calor extremo, con temperaturas que pulverizan récords históricos de junio y dejan un saldo trágico: al menos 40 personas han muerto ahogadas mientras intentaban refrescarse en playas, ríos y lagos desbordados de gente en huida del sofocante calor.
Francia registró su día más caluroso en la historia del país, con la temperatura nacional promedio batiendo el récord que se tenía desde 2019. El termómetro tocó los 45°C en algunas regiones del sur. La agencia meteorológica nacional emitió su nivel más alto de alerta por calor por segundo día consecutivo, con cientos de escuelas cerradas o reducidas a medio horario en todo el país.
El Reino Unido y España en la línea de fuego
La Met Office británica emitió su rara alerta roja de calor extremo, anticipando que Londres y el sur de Inglaterra podrían rozar los 39°C —potencialmente el mes de junio más caluroso registrado en el país desde que comenzaron las mediciones sistemáticas. El récord anterior data de 1976. Las autoridades pidieron a la población evitar viajes en tren y advertieron sobre impactos severos en los sistemas de energía y agua.
En España, la agencia estatal AEMET decretó alertas rojas para Andalucía, donde localidades como Sevilla, Córdoba y Granada podrían alcanzar los 44°C. Italia se sumó a la emergencia con 15 avisos rojos simultáneos que cubren a Roma, Milán, Turín, Venecia y Florencia, entre otras ciudades.
La ciencia detrás del infierno
Expertos en clima advierten que estas olas de calor —cada vez más frecuentes, intensas y tempranas en el calendario— son la expresión más visible del cambio climático en el continente europeo. «Europa tiene un problema de calor que empeora año tras año», alertó CNN en su cobertura del fenómeno, citando a climatólogos que subrayan que la combinación de una cúpula de calor de bloqueo con el calentamiento global de fondo convierte cada verano en un terreno más peligroso.
Para los países del Caribe y América Latina, la experiencia europea sirve como un recordatorio de los riesgos que enfrentan comunidades tropicales donde el calor extremo no es noticia sino cotidianidad, pero cuya infraestructura de salud pública dista de estar preparada para los eventos de calor que vienen.




