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8 de Marzo: Una jornada de reivindicación, no de celebración

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Cada año, cuando el calendario marca el 8 de marzo, las redes sociales, las oficinas y los medios de comunicación se inundan de rosas, chocolates y mensajes que exaltan la «belleza», la «delicadeza» y la «abnegación» femenina. Se felicita a la mujer simplemente por existir, como si el género fuera una festividad comercial. Sin embargo, es necesario detener la música, apartar los globos y mirar la realidad de frente: el Día Internacional de la Mujer no es, ni ha sido nunca, una celebración.

Esta fecha nació de las cenizas, literalmente. Surgió del humo de las fábricas donde mujeres trabajadoras perdieron la vida exigiendo algo tan básico como un salario justo y condiciones humanas. Nació de la huelga, del grito en la calle y de la exigencia de derechos civiles y laborales. Convertir este día en una fiesta superficial es despojarlo de su memoria y silenciar las voces de las pioneras que abrieron el camino.

En la República Dominicana, y en el mundo entero, la balanza sigue inclinada. No se puede hablar de celebración cuando aún persisten brechas salariales por realizar el mismo trabajo que un hombre. No hay motivo para el festejo mientras la violencia machista siga arrebatando vidas, dejando hogares rotos y estadísticas alarmantes que laceran a la sociedad. Resulta imposible brindar mientras miles de ciudadanas siguen asumiendo, en silencio y sin reconocimiento, la doble y triple jornada del cuidado familiar y el trabajo profesional.

El 8 de marzo es un día para hacer un alto y pasar balance. Es un recordatorio de que los derechos que hoy se dan por sentados fueron conquistados con sacrificio, y que aún queda un largo trecho por recorrer hacia la verdadera equidad.

El llamado a la sociedad y al Estado es claro: las mujeres no necesitan que se les recuerde lo especiales que son, sino que se asuma el compromiso de compartir la carga de manera equitativa. Se requieren políticas públicas reales, justicia implacable contra los agresores e igualdad de oportunidades en las salas de redacción, en las empresas y en el campo.

En lugar de flores que se marchitan en un jarrón a los tres días, la demanda histórica exige derechos, respeto y equidad que perduren para siempre, garantizando un entorno justo para las generaciones venideras.

Por tanto, este día no se celebra. Hoy se conmemora, se reflexiona y se reivindica la lucha continua por la igualdad.

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