Kyiv, Ucrania.- Una oleada de drones ucranianos impactó en la madrugada de este jueves la refinería de Moscú, desatando un incendio de grandes proporciones que las autoridades rusas intentaron controlar durante horas. El ataque, uno de los más contundentes contra la capital rusa desde el inicio del conflicto, dejó columnas de humo visibles a kilómetros de distancia y obligó a activar protocolos de emergencia en varios barrios de Moscú.
El presidente Volodimir Zelenski no tardó en pronunciarse y advirtió con un mensaje directo al Kremlin: «Si arde Ucrania, arderá también Moscú.» El mandatario ucraniano enmarcó la acción como una respuesta proporcional a los continuos bombardeos rusos sobre ciudades e infraestructura civil de su país, subrayando que Ucrania no descartará ningún blanco estratégico en territorio enemigo mientras la guerra continúe.
El ataque se produjo en un momento de especial tensión diplomática. Los líderes del G7 se reunían en Évian-les-Bains, Francia, para debatir entre otros asuntos el apoyo sostenido a Kiev y las condiciones bajo las cuales podría negociarse una eventual salida al conflicto. Las imágenes del incendio en la refinería moscovita dominaron los primeros minutos de las sesiones del grupo, poniendo de relieve que la guerra sigue escalando pese a las presiones internacionales por encontrar una solución negociada.
El Ministerio de Defensa de Rusia confirmó que sus sistemas de defensa antiaérea interceptaron varios de los drones antes de que alcanzaran el objetivo, aunque reconoció daños en las instalaciones. Fuentes independientes sugirieron que al menos una parte de la flota de drones logró penetrar el perímetro de seguridad y provocó el incendio reportado. Las autoridades rusas no precisaron el número de afectados ni el alcance total de los daños materiales.
Desde Kyiv, funcionarios del gobierno ucraniano describieron la operación como un éxito táctico y señalaron que continuarán golpeando la capacidad energética y logística rusa como parte de su estrategia de guerra. La escalada refuerza la percepción de que ninguno de los dos bandos está dispuesto a ceder posiciones en vísperas de lo que podría ser una nueva ronda de conversaciones mediadas por países neutrales.
