KIEV — Sábado, 8 de agosto de 2026. Al menos tres personas murieron, entre ellas un niño de tres años, en una nueva oleada de ataques rusos contra la región de Kiev, mientras explosiones sacudían la capital ucraniana y varios incendios se declaraban en la ciudad. El menor falleció junto a sus abuelos cuando varios drones rusos destruyeron su vivienda en el distrito de Brovary, al noreste de Kiev.
Otra persona murió durante un bombardeo con misiles balísticos sobre la capital y al menos tres resultaron heridas, según las autoridades locales. Los proyectiles, difíciles de interceptar, forman parte de una campaña que Moscú ha intensificado en los últimos meses contra Kiev, con andanadas lanzadas en breves ráfagas para saturar las defensas aéreas.
La escena se repite con una frecuencia que agota a la población civil: sirenas de madrugada, edificios en llamas y familias enteras sepultadas bajo los escombros de sus casas. Cada ataque de largo alcance ahonda el costo humano de una guerra que no encuentra salida ni en el terreno ni en la mesa de negociación.
