GINEBRA — Miércoles, 1 de julio de 2026. La Organización Mundial de la Salud (OMS) lanzó una advertencia contundente sobre la ola de calor extrema que azota a Europa desde el 20 de junio: es apenas un «ensayo general» de lo que serán los próximos veranos. «Este verano es una prueba de lo que vendrá», señaló el organismo, que anticipa episodios iguales o más intensos en los años venideros.
La ola de calor, una de las más severas registradas en el continente, ha activado alertas sanitarias y de riesgo de vida en una docena de países, con temperaturas que superaron los 43 °C en Francia y récords absolutos de junio en el Reino Unido, Alemania, Austria, Países Bajos, Suiza y España.
El impacto en la salud es directo: los sistemas médicos reportan un aumento de golpes de calor, deshidratación severa y complicaciones cardiovasculares, especialmente en adultos mayores, niños pequeños y pacientes crónicos. Solo en Francia se contabilizaron cerca de 1,000 muertes por encima de lo habitual entre el 24 y el 27 de junio.
Los estudios de atribución son categóricos: una ola de calor de esta magnitud sería «prácticamente imposible» sin el cambio climático provocado por el ser humano. Un análisis de ClimaMeter estimó que este mismo patrón atmosférico presenta hoy entre 2 y 4 grados adicionales frente a lo que ocurría hace medio siglo.
La advertencia de la OMS resuena como un llamado a la adaptación: los sistemas de alerta temprana, las ciudades preparadas para el calor y las políticas de salud pública dejan de ser opcionales. El planeta, recuerdan los científicos, no volverá a los veranos de antes.
