PAVANA, Italia — Jueves, 6 de agosto de 2026. Francesco Guccini, uno de los mayores cantautores e intelectuales de la cultura italiana del último medio siglo, murió este jueves a los 86 años en su casa de Pavana, en los Apeninos toscoemilianos. Su estado de salud, delicado desde hacía tiempo, se agravó de forma rápida la noche anterior; falleció rodeado de su esposa, Raffaella, y su hija, Teresa.
Nacido en Módena en 1940, Guccini convirtió la canción en un instrumento de memoria y de crítica social. Su infancia estuvo marcada por la Segunda Guerra Mundial y por la ausencia de su padre, encarcelado tras negarse a jurar lealtad a los nazis. De esa mirada nacieron himnos como «La locomotiva», «Dio è morto», «L’avvelenata» o «Auschwitz», en los que entrelazó política, poesía y las contradicciones humanas.
Durante más de cincuenta años tejió música, literatura y compromiso civil, y también firmó novelas que lo consolidaron como una de las voces intelectuales del país. Recibió cinco Premios Tenco y en 2004 fue nombrado Oficial de la Orden al Mérito de la República Italiana. En sus últimos años vivió casi retirado en la montaña, fiel a su carácter reservado.
Por deseo expreso del artista, el funeral se celebrará en la intimidad en los próximos días, mientras que para septiembre se prevé una ceremonia pública que permita despedirlo a quienes lo admiraron. Con él se apaga una de las voces que, entre la osadía y la ternura, narró la Italia del siglo XX.
