WASHINGTON — Miércoles, 29 de julio de 2026. La Reserva Federal de Estados Unidos decidió mantener sus tasas de interés de referencia sin cambios, en el rango de 3,5% a 3,75%, pero la votación reveló un grado inusual de disidencia interna: tres presidentes regionales —Beth Hammack (Cleveland), Neel Kashkari (Minneapolis) y Lorie Logan (Dallas)— se pronunciaron a favor de un alza inmediata de un cuarto de punto, en una señal de que la presión inflacionaria lejos está de ceder dentro del organismo rector de la política monetaria estadounidense.
El presidente de la Fed, Kevin Warsh, enfrentó la prensa con una frase que resumió el clima interno: «Pedí una buena discusión familiar, y la obtuve.» Warsh subrayó que la Reserva Federal no ofrecerá orientación sobre el rumbo futuro de las tasas, pero dejó claro que no tolerará que la inflación se ancle por encima del objetivo del 2%, descartando cualquier lectura de que existe un «objetivo blando de inflación.» La reunión transcurrió en un contexto de tensiones geopolíticas en Oriente Medio que empujaron al alza el precio del petróleo, complicando todavía más el panorama para los precios al consumidor.
Los mercados reaccionaron con fuerza negativa. El índice Dow Jones perdió 1.153 puntos, una caída del 2,19%; el S&P 500 cedió un 1,52% y el Nasdaq retrocedió un 1,74%. El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 30 años subió 12 puntos básicos hasta el 5,21%, su nivel más alto en 19 años, lo que encarece el crédito hipotecario y corporativo en todo el mundo y aumenta la presión sobre las economías emergentes.
