
Nació en Coatzacoalcos, Veracruz, en 1966, y empezó donde empiezan casi todas: en la televisión mexicana, con la telenovela «Teresa», que la volvió conocida antes de cumplir los 25. Poco después se fue a Los Ángeles sin contactos y con un inglés que todavía estaba aprendiendo.
El salto lo dio en 1995 con «Desperado», junto a Banderas, y lo confirmó al año siguiente con «Del crepúsculo al amanecer». Pero la película que le cambió el lugar en Hollywood fue «Frida», en 2002: la produjo ella, tardó años en conseguir que se filmara y terminó con una nominación al Óscar como mejor actriz, la primera para una mexicana en esa categoría.
De ahí en adelante hizo lo que pocas: pasar al otro lado de la cámara. Produjo la versión estadounidense de «Betty la fea», que ganó Globo de Oro y Emmy, y siguió trabajando sin parar —»La casa Gucci», «Eternals» de Marvel— mientras construía una carrera empresarial junto a su esposo, el empresario francés François-Henri Pinault.
A los 60 sigue estrenando, sigue en las alfombras rojas y sigue produciendo. Hay carreras que a esta altura se cuentan en pasado; la suya todavía se conjuga en presente.