
La Global Sumud Flotilla había partido el jueves pasado desde el puerto de Marmaris, en el sur de Turquía, con voluntarios dispuestos a llevar medicamentos, alimentos y suministros médicos a una población que lleva más de cuatro años bajo bloqueo naval. Los organizadores denunciaron que la intervención se produjo en aguas internacionales, fuera de toda jurisdicción israelí, y la calificaron de ilegal y violenta.
La reacción internacional fue inmediata. Turquía condenó la acción y exigió la liberación de sus ciudadanos retenidos. España convocó a la representante de la embajada israelí en Madrid para presentar una protesta formal. Varios gobiernos europeos expresaron su rechazo a lo que consideran una violación sistemática del derecho marítimo internacional.
Dentro de Gaza, mientras tanto, la situación sanitaria es desesperante. Cientos de miles de pacientes con enfermedades crónicas enfrentan una crisis de medicamentos, y la mayoría de los equipos médicos de diagnóstico han sido destruidos. Israel sostiene que el bloqueo es legítimo y que ha permitido el ingreso de ayuda humanitaria desde el alto el fuego de octubre pasado. Los organismos internacionales y la población gazatí dicen otra cosa.