SANTO DOMINGO — Miércoles, 10 de junio de 2026. La escalada entre Estados Unidos e Irán alcanzó una nueva cima de peligrosidad en las primeras horas de este miércoles, cuando ambas potencias intercambiaron ataques militares en el Estrecho de Ormuz y sus zonas de influencia. Washington ejecutó bombardeos contra objetivos iraníes en represalia por el derribo de un helicóptero Apache estadounidense cerca del estrecho, mientras que la Guardia Revolucionaria de Irán respondió golpeando 21 instalaciones militares norteamericanas distribuidas en Bahréin, Kuwait y Jordania. El conflicto, que amenazaba con desbordarse hacia una guerra regional de consecuencias impredecibles, dejó en suspenso las frágiles negociaciones diplomáticas que ambas naciones habían iniciado semanas atrás.
El Ministerio de Asuntos Exteriores iraní emitió este miércoles una advertencia directa: Teherán podría suspender definitivamente los contactos diplomáticos con Washington si los ataques no cesan. «Para avanzar se necesita un clima mínimo en el que trabajar», señaló un portavoz de la cancillería iraní, en lo que los analistas interpretan como una puerta entreabierta antes de cerrarla por completo. La declaración llega en un momento en que los equipos negociadores de ambos países habían logrado acercar posiciones sobre el programa nuclear iraní, avances que ahora corren el riesgo de quedar sepultados bajo los escombros de los últimos bombardeos.
China, mediador silencioso en el proceso diplomático y principal socio comercial de Irán, llamó este miércoles a la «calma y la contención», instando a ambas partes a retomar el diálogo antes de que la situación escape a cualquier control. Mientras tanto, Irán acusó a fuerzas estadounidenses de haber atacado infraestructura hídrica civil, dejando a más de 20.000 personas sin agua potable en medio de temperaturas que superan los 45 grados centígrados, lo que añade una dimensión humanitaria de gravedad a una crisis que hasta ahora se había medido en términos estrictamente militares.
La complejidad geopolítica del escenario se agudizó con las noticias provenientes del Líbano, donde once personas murieron en ataques israelíes sobre la ciudad de Tiro, vinculados por analistas regionales a la postura de Hezbolá en el contexto del conflicto iraní-estadounidense. El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, quien confirmó este miércoles su candidatura a la reelección, enfrenta presiones internas y externas para no ampliar el frente bélico mientras Washington y Teherán negocian su propia desescalada. La confluencia de estos focos de tensión convierte el Medio Oriente en el epicentro más volátil del tablero geopolítico global.
Para la República Dominicana y el resto del Caribe, la prolongación de este conflicto tiene una lectura económica directa: el Estrecho de Ormuz es el paso obligado del 20 por ciento del petróleo mundial, y cualquier interrupción sostenida elevaría el precio del barril con consecuencias inmediatas sobre los combustibles, el costo del transporte marítimo y la inflación importada. El gobierno dominicano, que destina una porción significativa de su presupuesto a subsidios energéticos, observa con atención una crisis que, aunque se libra a miles de kilómetros de distancia, podría golpear el bolsillo de los dominicanos antes de que termine la semana.
