NUEVA YORK — Dos firmas estadounidenses de análisis de cadenas de bloques, TRM Labs y Chainalysis, atribuyeron a hackers de Corea del Norte el robo de unos US$6,300 millones a Binance, la mayor plataforma de intercambio de criptomonedas del mundo, en lo que ya se considera el mayor atraco de la historia de los activos digitales.
Según TRM Labs, el grueso del vaciado ocurrió en unos veinte minutos a partir de la noche del jueves, cuando el atacante movió cerca de US$6,360 millones desde billeteras de Binance repartidas en diez cadenas de bloques. La firma dijo tener «alta confianza» en que el golpe lo ejecutó TraderTraitor, una unidad norcoreana vinculada al Grupo Lazarus, a la que el FBI ya había responsabilizado del robo de US$1,500 millones a la plataforma Bybit en febrero de 2025, hasta ahora el récord. Chainalysis llegó a la misma conclusión. Corea del Norte niega de manera sistemática su participación en este tipo de ataques.
Binance ha sido más prudente. Su codirector ejecutivo, Richard Teng, afirmó que la investigación de la empresa no ha atribuido responsabilidad a ningún individuo. La compañía suspendió depósitos y retiros el jueves, aseguró que cubrirá todas las pérdidas de sus usuarios con fondos propios y dijo que coordina con las autoridades. Primero apuntó a la computadora comprometida de un ingeniero como puerta de entrada, pero el viernes reconoció que había encontrado «puntos adicionales de vulneración».
Alrededor de US$3,000 millones ya han sido congelados, incluidos más de US$2,300 millones bloqueados por Tether y Circle, emisoras de monedas estables. La plataforma advirtió que la cifra robada podría seguir creciendo a medida que rastrea los fondos. El bitcóin cayó a su nivel más bajo en seis semanas, por debajo de US$76,400, y el ether perdió más de 3 %.
La suma sustraída multiplica por seis el fondo de emergencia de US$1,000 millones que Binance creó en 2018 para proteger a sus clientes ante un hackeo. La empresa prevé reanudar los retiros en las próximas horas, mientras los investigadores siguen la pista de un botín que, de confirmarse su destino, iría a parar a las arcas de un régimen sometido a sanciones de la ONU por su programa nuclear.
