BANGKOK — La directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, abrió las reuniones anuales del organismo con un diagnóstico de dos caras: la economía mundial sigue siendo resistente, pero esa resistencia, dijo, está llegando a su límite. El crecimiento global se quedará este año en torno al 3.1 %, la misma cifra que el organismo proyectó en abril y por debajo del 3.4 % alcanzado el año pasado.
Dos fuerzas opuestas tiran del crecimiento en direcciones contrarias. De un lado, el choque negativo de oferta energética provocado por la guerra en Oriente Medio; del otro, el empuje de la demanda ligada a la inteligencia artificial. El resultado es una economía que aguanta, pero que lo hace quemando reservas: los colchones energéticos y fiscales se están agotando, la inflación sigue alta en buena parte del mundo y las tasas de interés más elevadas encarecen el servicio de la deuda. Los rendimientos de los bonos en las economías avanzadas han subido a máximos de varias décadas.
El panorama no es parejo. Salen mejor librados los países integrados en la cadena de suministro de la inteligencia artificial —Georgieva mencionó a Tailandia, Malasia, Corea del Sur y Singapur— y los exportadores de energía que no están tocados por una guerra. El golpe más duro lo reciben los países de ingreso bajo y los Estados frágiles o en conflicto, sobre todo si importan energía y quedaron fuera del auge tecnológico. En ese grupo, el pago de la deuda pasó de consumir el 6 % de los ingresos hace una década al 14 % actual, mientras la ayuda al desarrollo baja y los inversionistas evitan el riesgo.
De ahí salieron sus dos recomendaciones más insistentes. A los gobiernos les pidió reparar la casa fiscal antes de que las grietas se ensanchen, con más recaudación, gasto racionalizado y mejor manejo de las finanzas públicas. Y frente al encarecimiento de la energía y los alimentos, les pidió proteger a las personas y no a los precios: ayuda temporal y dirigida a los más vulnerables, en lugar de subsidios generales que distorsionan el mercado. A los bancos centrales les recomendó mantenerse concentrados en la estabilidad de precios, con un sesgo prudente hacia el endurecimiento donde la inflación siga por encima de la meta.
Para el Caribe y los pequeños Estados insulares, Georgieva planteó tres frentes: fundamentos macroeconómicos sólidos, más cooperación regional y uso pleno de los instrumentos concesionales de los organismos internacionales, como el Fondo de Resiliencia y Sostenibilidad al que ya acudieron Jamaica y Barbados. Sostuvo que a las economías pequeñas y vulnerables hay que medirlas por su tamaño y su exposición al riesgo, y no solo por su nivel de ingreso. En paralelo, el Fondo anunció un acuerdo técnico con Senegal por unos 2,200 millones de dólares para enfrentar una deuda no declarada, el primer caso en el que pondrá a prueba el mecanismo de la mesa redonda sobre deuda soberana.
