
El mes de abril se ha convertido en un termómetro de la crisis: varios países del continente asiático han comenzado a buscar fuentes alternativas de abastecimiento y a activar sus reservas estratégicas ante la incertidumbre sobre cuándo se resolverá la situación en el estrecho, cuyo bloqueo fue ordenado por el presidente Donald Trump tras el fracaso de una primera ronda de negociaciones con Irán. La situación también empuja al alza los precios internacionales del barril.
En República Dominicana, el impacto del contexto energético global se siente en la presión cambiaria, aunque el gobierno ha decidido mantener congelados los precios de los combustibles para la próxima semana, protegiendo temporalmente a los consumidores. Las lluvias que azotan el país desde hace más de cuarenta días también tienen un componente ambiental que los expertos vinculan al cambio climático y al calentamiento del Atlántico tropical, factores que intensifican los sistemas de precipitación en el Caribe.
A nivel global, un consorcio de organizaciones filantrópicas internacionales lanzó un fondo de 300 millones de dólares para financiar durante tres años iniciativas de adaptación y mitigación del cambio climático en los países más vulnerables.