MOSCÚ — Martes, 18 de agosto de 2026. Ucrania lanzó en la madrugada del martes más de 600 drones contra la región de Moscú en el que las autoridades rusas calificaron como el mayor ataque aéreo de este tipo en dos años, mientras misiles rusos mataban a diez civiles en un pueblo del nordeste de Ucrania. Rusia dijo haber derribado 197 drones sobre la capital y sus alrededores; el detritus cayó sobre el almacén de la empresa de comercio electrónico Wildberries, dejando daños menores en sus muros. Al menos tres personas resultaron heridas en la región moscovita, incluida una niña de diez años.
En represalia, misiles rusos demolieron hogares en varios pueblos de la región de Járkov y mataron a diez vecinos, hiriendo a ocho más. El alcalde de Moscú cifró en 637 los drones disparados contra la capital, una cifra sin precedentes desde el inicio de la guerra a gran escala en febrero de 2022. El gobierno de Kiev no reconoció públicamente la autoría del ataque; sin embargo, sus fuerzas vienen perfeccionando desde hace meses una flota de drones de largo alcance de fabricación propia capaces de llegar al corazón de Rusia.
El primer ministro británico Andy Burnham afirmó que el Reino Unido no tiene «ninguna intención» de reducir su apoyo a Ucrania, después de que Moscú amenazara con cobrar un «alto precio» por el presunto uso de drones de fabricación inglesa. El detritus de drones de origen británico, alegaron las autoridades rusas, fue hallado entre los restos del ataque nocturno. El escalamiento del intercambio aéreo entre las dos potencias ilustra que, más de cuatro años después del inicio de la invasión, ninguno de los contendientes muestra señales de ceder.




